Espacio Crítico 8

Periodismo radiofónico UIA

Toño Come Moscas.

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Desde que somos pequeños, nos enseñan los sonidos de los animales, de la naturaleza, incluso la vida misma nos va abriendo las puertas a un mundo sonórico increíble, lleno de descubrimientos, desde aprender a llorar , hasta pronunciar nuestras primeras palabras y es ahí en dónde empezamos a ubicar los sonidos, los ruidos, los murmullos, lo desconocido.
Lo que me une a la radio, es sagrado es el cierre de una etapa de mi vida y el principio de otra. El dejar atrás a tus compañeras de salón cuándo sólo tienes 12 años, el saber que tus padres se divorciarán y el darte cuenta que la abuela, la persona que más quieres y admiras muere lentamente de cáncer en el hospital.
Así fue mí llegada a la Ciudad de México, yo venía de haber vivido 11 años en Monterrey, Nuevo León, hasta que mis padres decidieron separar el rumbo de sus vidas y empezar una etapa nueva. El proceso fue complicado, extrañaba mi casa, a mis hermanos que se habían quedado por un tiempo en Monterrey, a mis amigas, mi colegio, mi vida. Era un cambio difícil, pues llegaba a una gran ciudad, en dónde lo único que tenía era a mi misma; mi mamá cuidaba todo el día a mi abuela, mis tías en el trabajo y de mi papá no sabía mucho, en realidad, no sabía nada.


Una mañana me desperté, y como de costumbre, lo único que escuchaba era el cassette de Los Ángeles Azules, que mi abuela días antes de su enfermedad me había comprado en Bodega Aurrera, cuándo interrumpió mi Tia Martha para decirme que ella me iba a cuidar ese día y que era hora de irnos a su trabajo. ¿Su trabajo?, que aburrido era lo único que pensé, pero ella me prometió diversión, así que debido a la falta de alternativas decidí no cuestionar mucho la situación y salir de la casa.
Cuando llegamos me sorprendí del lugar tan hermoso en el que estaba la oficina de mi tía, tenía un jardín inmenso, el cual me parece que hoy en día ya no existe, y era una casa llena de pasadizos, lo que se me hacía divertido. Así fue la primera vez que llegue a Radio Educación.
Por lo general, en lo que mi tía trabajaba yo dibujaba, o contestaba el teléfono o compraba pingüinos en las maquinitas eléctricas. Era divertido, conocía a mucha gente y no me sentía tan sola. Empecé a indagar en las consolas, en los micrófonos, en la realización de los efectos especiales, etcétera. Hasta que un día mi tía me anunció que nos esperaba un día muy largo, ya que eran las audiciones para los nuevos personajes de las radionovelas que se transmitirían en el verano. Despúés de varios días ya tenían a la voz masculina, pero no encontraban la voz femenina, Emilio Ebergenyi productor del proyecto en su desesperación me pidió que leyera unas frases ante el micrófono y pues sin ton ni son, lo hice, resulta que me había quedado con el papel de Amapola, mientras que Diego Luna debutaba su carrera como actor en radio con el papel de Toño Come Moscas.
En ese momento yo no entendía nada de lo que estaba pasando mi tía Martha, rápidamente le hablo a mi madre para pedirle permiso y ella aceptó, me dijeron que hasta me iban a pagar para que me pudiera comprar una bicicleta, todo era como un sueño, algo irreal, lo que hacía que me olvidara por un rato de la tremenda tristeza que cargaban mis ojos. Y fue ahí cuando descubrí mi pasión por la radio, aprendí la estructura y el funcionamiento de una estación, de una cabina, de un micrófono, de cómo darle vida a un personaje, pero sobre todo de cómo hacer de la radio mi pasatiempo favorito. Empecé a entrar en el mundo de la música, a conocer autores, ritmos, en fin, comencé a crecer y a madurar.
Las grabaciones eran largas, y cansadas, pero era una radionovela de niños para niños, por lo que era divertidísimo estar frente al micrófono, nuestra parte favorita era cuándo Mayte Ibarguengoitia se dedicaba a realizar los efectos especiales, pues podíamos jugar con un sin fin de materiales y del juego lográbamos transmitir, desde un camión, hasta el sonido del río.
Así pasé 3 meses de mi vida, creo que de los mejores que he tenido, y fue como descubrí mi gran pasión por la radio, pues ha sido mi compañera a lo largo de mi vida, por medio de la cuál he experimentado felicidad y tristeza, nostalgia y melancolía, en fin, la radio como transportadora de sentimientos y de épocas.

Written by Tesi Tafich

agosto 20, 2009 a 4:49 pm

Publicado en 1 Generales

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