Espacio Crítico 8

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El 68, del autoritarismo a la democracia

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Por Denise Gutiérrez

Agosto de 1968. Un joven lleno de ideales, con ganas de cambiar al mundo entra a la Facultad de Ciencia Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Otro hombre lucha por obtener el registro de su partido. Ninguno de los dos puede imaginar cómo ciertos acontecimientos cambiarán la historia de sus vidas… y del propio país.

Prendiendo la llama

El mundo se encuentra polarizado por la Guerra Fría. El comunismo ha logrado expandirse a diversos países, en México es condenado pero aún así muchas personas, particularmente estudiantes de la UNAM, creen en su potencial. La mayoría son simpatizantes de la Revolución Cubana y de sus líderes, el Che Guevara y Fidel Castro.

perfil de GDOEl panorama político del país es de represión. El Partido Revolucionario Institucional lleva ya 39 años en el poder. Gustavo Díaz Ordaz asume la presidencia en diciembre de 1964. Era un abogado de mano dura, que había sido secretario de Gobernación con Adolfo López Mateos. La única prioridad del gobierno en ese momento son las Olimpiadas que se celebrarán el 12 de octubre de 1968, México debe estar listo para dar una buena impresión en el extranjero.

Una mirada al pasado

Han pasado más de cuarenta años, en un rostro que refleja la sabiduría del tiempo y unas canas que lo denotan, Rafael Gutiérrez Chavero recuerda su participación en el movimiento estudiantil de 1968, al tiempo que suspira.

“Entré a la facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que era junto con la de Filosofía e incipientemente Economía, la vanguardia del movimiento estudiantil, de los grupos más radicales.”

Con sólo 20 años, Rafael empieza su concientización política. El 19 de julio de 1968 hay una riña por un partido de fútbol americano entre dos escuelas preparatorias, la Vocacional 5 y la privada Isaac Ochoterena. Los granaderos llegan a reprimir, penetran en las instalaciones y golpean a maestras y alumnas que ni siquiera estaban implicadas.

“Me tocó participar en la marcha en apoyo a la Revolución Cubana el 26 de julio. Ese día se coincidía con la marcha que organizaba la comunidad politécnica nacional en protesta porque un grupo de granaderos había irrumpido y agredido a maestros y alumnos de la Isaac Ochoterena…Se encontraron en Eje Central y Avenida Juárez y fue cuando los granaderos se lanzaron a dispersar a los estudiantes, hubo gases lacrimógenos, caballería, mangueras de bomberos…” narra Rafael con cierta preocupación en su tono de voz.

El entrevistado señala que a partir de ese momento todo cambió y se empezó a constituir el Consejo Nacional de Huelga, así como las brigadas estudiantiles “eran grupos de cinco o seis estudiantes que se subían a los camiones y hablaban del movimiento estudiantil, hablaban de una serie de puntos del pliego petitorio que se iban configurando, el más ideológico era el de retirar el delito de disolución social que castigaba penalmente las ideas que no estaban de acuerdo con el gobierno.”

Rafael Gutiérrez cuenta emocionado su participación en el Área de la Imprenta Universitaria “Producíamos cartelones, material gráfico e ideológico para todo el movimiento”. Deseaban incluir a la población para que no estuviera desinformada con lo que se decía en los medios de comunicación y además se alentaba a participar y apoyar la causa. Es digno de destacar que también se creó un órgano de maestros para apoyar al movimiento estudiantil. Se formó la Coalición de Profesores, Heberto Castillo fue uno de los miembros más sobresalientes.

Los líderes que se escogieron para el CNH eran en su mayoría miembros o presidentes de alguna organización estudiantil. La asamblea votó para designarlos. Todos ellos pertenecían a diversas instituciones, la mayoría públicas, aunque la Universidad Iberoamericana también tuvo una pequeña representación.

En su libro Democracia en la Calle, Gilberto Guevara Niebla, otro dirigente del movimiento estudiantil asegura que se acordó presentar un pliego petitorio a las autoridades. Lo que se argumentaba se podría resumir en la búsqueda de la democracia en México.

“Las demandas de los estudiantes al gobierno de la República eran seis: 1]libertad a los presos políticos; 2]destitución de los jefes de la policía; 3]extinción del cuerpo de granaderos; 4]eliminación del delito de disolución social; 5]indemnización a las víctimas de la represión; 6]deslinde de responsabilidades respecto a los excesos represivos”(Guevara, p.38)

La plática se desenvuelve sin problemas, pero al preguntarle a Rafael Gutiérrez sobre el 2 de octubre, se queda pensando por unos momentos: “El mitin de Tlatelolco fue objetado por muchas gentes que veíamos los indicios de una posible represión”.

Después sonríe y dice: “Yo llegué tarde, cuando yo llegué por la calle donde estaba Relaciones Exteriores ya había avanzado el ejército, me fui a casa de unos amigos …y ahí estuve hasta la madrugada…realmente me salvó haber llegado tarde a la represión.”

Según Gilberto Guevara, había alrededor de 10 mil asistentes al mitin de Tlatelolco. No se sabe con precisión lo que ocurrió. Los edificios circundantes al lugar de encuentro habían sido ocupados por el ejército unas semanas antes de esta fecha. Los francotiradores instalados en los edificios empezaron a disparar hacia la gente.

“Numerosos testigos presenciaron cómo personas con guante blanco, que se identificaban verbalmente como miembros del Batallón Olimpia… comenzaron a disparar contra la multitud y se presume que también contra los soldados.”(Guevara, 324)

El movimiento estudiantil se desarticula desde este momento. Muchos de los estudiantes siguen su lucha desde la guerrilla otros se convierten en lo que siempre habían odiado.

Un día que duró toda la vida

Son las once de la mañana, el clima es cálido y entro a una casa llena de recuerdos, con fotos colgadas en las paredes y sillones antiguos. Arturo Ortiz Marban me recibe acompañado de su esposa, me invita a la sala y me ofrece un café. Él es flaco, tiene alrededor de 70 años, con arrugas en el rostro pero unos ojos llenos de juventud.

Escucha un extracto de la entrevista al dirigente del PCM

Arturo Ortiz, me transporta al pasado, y me empieza a contar cómo vivió el 68. Él era dirigente del Partido Comunista. Dicho partido había empezado en 1919, tomando como principio “la lucha de clases y la acción directa”. El clima anticomunista que existía en el país era grave, por ese motivo en 1968 el Partido Comunista Mexicano operaba desde la clandestinidad pues no había obtenido su registro.

El 26 de julio Arturo Ortiz se encontraba en la noche en las oficinas del partido, preparando un discurso para una conferencia que daría el dia siguiente para conmemorar la Revolución Cubana, cuando un amigo periodista le llamó “Oye Arturo, están reprimiendo violentamente la manifestación de los estudiantes …te aconsejo que se salgan del local porque estoy convencido que van a ir a tomar las oficinas del partido.” En ese momento él tomó una decisión arriesgada que fue ir a destruir archivos que contenían los nombres de los militantes, debido a la persecución que sufrían.

El comunista vio desde la venta cómo elementos del “Servicio Secreto Mexicano” y de la policía se aproximaban a las oficinas del partido. Él salió y se refugió por unos momentos en un restaurante cercano. “Comenzaron a romper vidrios, las ventanas, pero los barrotes les impedían entrar a estos tipos…trataron de lanzar cuerdas a la azotea para saltarse.”

Ortiz logró reunirse con otros dirigentes del PC, después de las once de la noche, y decidieron retomar las oficinas, pensando que probablemente la policía ya se habría retirado. Al llegar se topan con un hombre y uno de los dirigentes le pregunta qué hace ahí “inmediatamente salen como cinco o seis tipos de la parte de adentro y cortando cartucho nos encañonan y nos suben a la parte superior de las oficinas, nos tiran al suelo con golpes…entonces tomaron la decisión de que nos trasladaran a la jefatura de policía.”

Los interrogatorios no cesaron a partir de ese día. “Cuando nos interrogaban, los policías trataban de hacer parecer que el conflicto estudiantil era parte de una conjura comunista”, comenta el entrevistado.

Arturo empieza a sudar, como si recordar le produciera una terrible sensación, algo difícil de hacer. A raíz de esa detención, Ortiz fue trasladado a la presión de Lecumberri. En ella sufrió múltiples vejaciones como vivir en condiciones de hacinamiento, ser golpeado y ser aprisionado junto con violadores y secuestradores. “Fueron momentos muy difíciles, estábamos los 26 (aprehendidos el 26 de julio) en dos celdas que eran para cuatro gentes…estábamos uno tras otro… nos estaban tronando.”

El comunista estuvo aproximadamente siete años en la prisión. Su único delito fue el haber pensado diferente y haber estado en el lugar equivocado, a la hora equivocada. Algunos estudiantes y seguidores del movimiento estudiantil desaparecieron, como la guerra sucia en algunos países latinoamericanos, las madres recibían hojas con una cruz roja, dando entender que jamás volverían a ver a sus hijos, crímenes de Estado.

El legado

Las vivencias de todos los que participaron en este acontecimiento histórico son diferentes, cada uno recuerda aquello que más los marcó, pero sin duda pueden decir que estuvieron en un hecho que cambió al país.

El movimiento estudiantil tuvo un fuerte impacto en México. El artículo 145 finalmente fue derogado, dando así la libertad de pensamiento a la población. Se logró en cierta forma el propósito de democratizar al país y acabar con el autoritarismo del PRI.

En marzo de 2009, Luis Echeverría Álvarez, entonces secretario de Gobernación, fue exonerado del delito de genocidio. A la fecha no hay culpables de la represión y el saldo real se desconoce. El movimiento estudiantil inspira a creer y a imaginar que se puede cambiar el mundo. La conciencia del país siempre recordará a las víctimas del 68.

Written by Denise Gutiérrez

noviembre 29, 2009 a 10:17 pm

Una respuesta

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  1. a mi si me gusto ya que los testimonios siempre son mejores que los libros aunque estos sean también necesarios, creo que el 68 hubiera sido un buen movimiento social si la represión no hubiera estado tan radical, hasta la fecha muchos desaparecidos no se han encontrado se presumen muertos, es una tristeza especialmente para los familiares, creo, que como bien decía una maestra argentina, el problema es que México si olvida por eso la justicia no se lleva a cabo

    Loretta Corona

    diciembre 2, 2009 at 7:28 pm


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