Espacio Crítico 8

Periodismo radiofónico UIA

Cumplir hasta la muerte

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La universidad representa retos y tareas complejas, pero Alejandro Pérez nunca pensó que un trabajo universitario lo llevaría a visitar un panteón. En el segundo año de la carrera de odontología un maestro le pidió conseguir cada uno de los 32 dientes con los que cuenta el ser humano, pero dentro de las especificaciones se requería que todas las piezas fueran naturales. El profesor de la materia de Preclínico de Endodoncia les sugirió a los alumnos visitar el Centro de Exodoncia en la UNAM y tocar puertas en consultorios. Aunque también les mencionó que había “formas no legales” para conseguir los dientes, una opción era ir a panteones.

Actualmente, Alejandro Pérez cursa el cuarto año de la carrera en la facultad de odontología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y es uno más de los miles de estudiantes que integran la historia de esta especialidad a lo largo de sus 98 años de existencia. De acuerdo al sitio de Internet, la facultad cuenta con 680 maestros y su plan de estudios “siempre ha sido modelo a seguir por otras instituciones públicas o privadas”.

Al igual que cualquier licenciatura, la facultad de odontología exige a sus alumnos cumplir con tareas y trabajos que requieren de tiempo y preparación. El Dr. Rodrigo Martínez de la UNAM considera que la capacidad con que los estudiantes enfrentan los retos en la etapa universitaria representa una parte esencial de cómo actuarán en la vida laboral. Es por ello que Martínez afirma que su desempeño debe ser constante y a tiempo. Alejandro Pérez tenía en mente estos prerrequisitos al momento de inscribirse, pero fue hasta el segundo año de odontología cuando sus límites de responsabilidad se vieron comprometidos.

Odontología junto al edificio lateral de medicina

“La tarea más difícil fue para Preclínico de Endodoncia por el nivel de complejidad y el tiempo de entrega” continuó Pérez, “tenía que conseguir dientes naturales y trabajar en ellos para acreditar la materia y pasar a clínica”. El hecho de conseguir 32 piezas dentales naturales significaba un reto para él y para los más de 50 alumnos del grupo de Alejandro. El profesor Fernando González les comentó que podían ir al Centro de Exodoncia y a consultorios, y les informó que era muy complicado conseguir todos los dientes en dichos lugares, por lo que agregó, que los panteones eran otros sitios para buscar aunque él lo consideraba malo pero afirmó que no había otra manera.

A Daniela García, quien iba en una clase distinta a la de Alejandro Pérez, también le pidieron llevar 32 dientes naturales. Para Daniela la primera opción fue ir a Exodoncia pero dijo que era complicado conseguirlos, “en Exodoncia nunca hay” afirmó. Después fue a dos consultorios dentales,  donde le regalaron tres piezas que tenían, de las cuales sólo utilizó una por el mal estado en que se encontraban. Según Alejandro Pérez ese es el problema de los dientes obtenidos en consultorios, las condiciones en que se encuentran no permiten trabajar con ellos. “Las razones para la extracción de dientes son o que estén destruidos o sean causa de infección, o que presenten poco soporte óseo y se tengan que extraer” agregó Pérez.

Luego de los dos primeros intentos fallidos de Daniela por hacer la tarea, se decidió por la otra opción que les había comentado la maestra, ir a un panteón. La profesora le comentó al salón que cuando ella estudiaba odontología tuvo que pasar por lo mismo que ellos, y dijo que lo menos tardado era comprar los dientes en un cementerio. A diferencia del maestro González, la profesora de Daniela habló abiertamente del saqueo de tumbas con fines de aprendizaje, y reiteró la idea en común del educando “lo mejor es aprender con lo natural”.

Después de comentarle a sus padres sobre su tarea y sobre la última opción que le quedaba para cumplir con ella, Daniela García fue a un panteón en Xochimilco. “Fui con el que barre y todo eso y me dijo que era muy complicado porque era meterse en algo legal, pero que sí podía hacerlo pero en la noche” recordó ella. Al escuchar la palabra legal, vino a su mente por primera vez la idea de que infringiría la ley. En ese momento se propuso ir a la mayor cantidad de consultorios posible y contactar a todo amigo o familiar que tuviera alguna relación con dentistas.

A diferencia de Daniela, existen alumnos como Alejandro Pérez y Ho que representan el 30% de los estudiantes de odontología que no tienen ningún contacto con doctores dentales. Para este porcentaje de la población estudiantil las posibilidades de recurrir a consultorios en busca de ayuda se ven reducidas y resulta muy complicado. “Consigues 3 de 30” reiteró Pérez.

Sin más opciones, Alejandro Pérez fue en compañía de tres amigos al Panteón Civil General de San Nicolás Tolentino, en Iztapalapa. Ese cementerio junto con el Civil General de San Lorenzo Tezonco y el Civil Delegacional Iztapalapa son los más conocidos entre los alumnos de la facultad por ser “corruptos”.

Alejandro Pérez, Luis Molina, Ricardo Torres y Juan López fueron un miércoles después de su clase de 2:00 p.m. al panteón de San Nicolás Tolentino. En la entrada, delimitada por una reja de metal roída que deja entrever una pintura que en su momento fue blanca, hablaron con el señor de vigilancia y le explicaron lo qué necesitaban, él los mandó con las personas que trabajaban dentro del lugar.

“Los tienes que encontrar muy aparte enfrente de sus compañeros te van a decir que no”, comentó Alejandro. No fue hasta la séptima persona cuando encontraron a alguien dispuesto a ayudarlos. Un señor que pasaba de los 30, con un pantalón café descolorido, una camisa de color azul deslavado con el título de “exhumador” en la espalda, y unas botas negras manchadas de tierra y desgastadas por el continuo andar dentro del panteón fue con quien empezaron a negociar.

“Preguntas cómo conseguir un cráneo o dientes y dicen que está difícil hasta que aceptan que hay una manera pero que tiene un costo”, dijo Alejandro. Los cuatro jóvenes dialogaron con el exhumador, de primera instancia le pidieron dientes aunque el maestro González les había sugerido conseguir toda la estructura maxilar y mandibular junto con porciones craneales, alegando que lo mejor era practicar de la forma más próxima a lo real. El empleado del panteón les cotizaba por cada pieza dental, cada vez que alguno de los estudiantes regateaba él se tocaba el mentón y acariciaba la barba que teñía de negro su cara. Acordaron $15 por maxilar, a diferencia de Daniela García a quien le cobraban $50. El señor partió y dejó a los cuatro en el área donde se entabló el acuerdo. Alejandro y sus amigos prácticamente no hablaron entre ellos, en la mente del primero el sentimiento de culpa y el miedo habitaban sus pensamientos. Alejandro Pérez sintió ganas de irse pero la necesidad de cumplir con la tarea y la desesperación por no repetir el año universitario no se lo permitieron. El paso de los minutos fue haciendo la espera extenuante, el pasto seco y lodoso rodeado por  miles de lápidas y algunos árboles se convirtió en su único paisaje.

Al cabo de media hora el exhumador regresó y les pidió que lo acompañaran. Caminaron por el cementerio, recorrieron áreas restringidas y llegaron al vestidor de los empleados. Era un cuarto en forma de rectángulo, rodeado de lockers y con una banca de metal en medio.

“Se ve que hay un negocio de eso. Llegan con su bolsota de dientes y si no hay te dicen que te consiguen después los otros”, recordó Alejandro. A Daniela García le ocurrió lo mismo, cuando pidió maxilares en el panteón le enseñaron una bolsa llena de piezas dentales. Ahí pensó Daniela que las personas del cementerio tomaban la situación como algo común, no sólo de odontología sino también de medicina.

Los cuatro jóvenes buscaron entre los dientes y apartaron aquellos que podían serles útiles. De acuerdo con ellos la búsqueda fue complicada por la cantidad de huesos que había y por la forma en que habían sido arrancados. El señor fijaba la mirada en cada uno de ellos y vigilaba los movimientos que hacían, se enfocaba en cualquier indicio sospechoso de robo y los apresuraba. Alejandro Pérez y Luis Molina comentaron al sujeto que la mayoría de los dientes estaban incompletos, él les respondió que si querían podían arrancarlos ellos. Entonces tomó una mochila que estaba a su izquierda y sacó un cráneo y le dio unas pinzas a Luis. Los estudiantes ocultaron todo indicio de sorpresa y terror, y trataron de obviar el creciente olor a humedad. Alejandro tomó las pinzas y comenzó a extraer las piezas. Una vez que terminaron, el exhumador contó los dientes y le cobró a cada uno.

Después de pagar, los jóvenes recordaron que el maestro les había comentado sobre la importancia de practicar con la estructura craneal y se acordaron que algunos compañeros habían mencionado haber comprado cráneos. Preguntaron el costo de la cabeza y el señor afirmó que el precio sería alto, “que tal que la familia viene” continuó. El exhumador fijó el precio de $3000 por cráneo y sólo Luis y Alejandro que contaban con esa cantidad aceptaron comprarlos. El señor tomó el dinero, les dio el cráneo que tenía y los llevó a la entrada del vestidor, lugar al que regresó con otra bolsa.

Los dientes extraídos le sirvieron a Alejandro para cursar dos materias, Preclínico de Endodoncia y Preoperatorio. En el primer curso el maestro le regresó las piezas dentales y pudo reutilizarlas. En Preoperatorio no tuvo la misma suerte. El profesor Francisco González explicó que el retiro de maxilares se debe a que más tarde pueden ser vendidos a las nuevas generaciones evitando que éstas realicen un esfuerzo por conseguirlos.

Diente con endodoncia

Ho, alumno de odontología de quinto año, afirmó haber visto al maestro de su clase de Preclínico de Endodoncia tirar los dientes a la basura después de que el grupo hiciera la entrega.

A dos años de haber ido al panteón con fines educativos, Daniela García, Alejandro Pérez, Luis Molina, Ricardo Torres y Juan López apoyan la teoría de los profesores de que es mejor trabajar sobre dientes y huesos naturales. También comentaron que es necesario para tener mayor seguridad, prevenir errores y saber qué se tiene que hacer y cómo. Aseguraron que no existe otra manera de aprender ya que los dientes de acrílico tienen la misma forma y estructura que los reales pero no la misma consistencia; además de ser más barato conseguir piezas naturales. Lo mismo ocurre con el cráneo, existen réplicas de plástico cuya composición difiere en gran medida de la realidad y no se puede practicar cirugía con ellos aseveraron. Sin embargo, concluyeron que no volverían a saquear tumbas.

“Te ves presionado a no quererte quedar otro año, es parte de tu calificación académica, y cuando llegas a ese punto piensas en tu beneficio y no tanto en las consecuencias”, dijo Alejandro.

“Era una desesperación porque si no los entregaba no pasaba, tuve que recurrir a esa acción pero no se me hace justo por la persona ni por la familia”, complementó Daniela.

“Nosotros tenemos que practicar muchas veces para tener paciente pero ir al panteón no es una buena opción”, afirmó Ho de origen koreano cuya cultura tiene gran respeto por los muertos.

Los alumnos reiteraron que el problema es que la facultad no les brinda ese material, a pesar de contar con más de 30 clínicas para atención a pacientes según el sitio web. En los consultorios los pacientes firman una hoja de consentimiento que dice: “Autorizo a la FO de la UNAM para que preserve con fines científicos o didácticos aquellos tejidos, partes y órganos dentales como resultado de los procedimientos quirúrgicos”.

Formato para cirugía

 

La presión por parte del profesorado y el corto plazo que les dan a los estudiantes son otros factores en contra. El Dr. Rodrigo Martínez remarcó la importancia de la puntualidad y del desempeño académico, y dijo que los doctores ponen sus reglas y si los alumnos quieren aprender las siguen.

 

 El alumno Pérez destacó que existen procesos legales para la obtención de cráneos, ya sea con el Servicio Médico Forense (SEMEFO) o con otras instituciones pero afirmó que el papeleo es tardado y se requieren muchas firmas que la universidad no provee.

 

“Me dicen que en México puedes hacer todo… si los demás van yo voy”, dijo Ho al referirse a la compra de cráneos.

 

Las irregularidades que se viven en México acentúan el descuido de áreas como panteones. Según estudios realizados, el 90% de los 117 cementerios controlados por el gobierno del Distrito Federal enfrentan el abandono y la falta de infraestructura de las autoridades delegacionales, por lo que los capitalinos tienen que pagar entre $600 y hasta más de $2 mil por una fosa y para cubrir cuotas de mantenimiento.

 

“Los panteones que administra el gobierno del D.F. no reciben ningún servicio de mantenimiento ni de vigilancia, razón por la que se han convertido en unos verdaderos basureros”, escribió Miguel Alvarado en una carta dirigida al director del periódico El Universal.

 

Las exigencias  académicas y las irregularidades de los panteones no eximen a los alumnos universitarios de ningún problema legal. El delito contra las normas de inhumación y exhumación y contra el respeto a los cadáveres o restos humanos tiene una pena de uno a cinco años de prisión de acuerdo con el artículo 208 del Código penal.

 

LOS NOMBRES DE LAS PERSONAS FUERON CAMBIADOS POR CUESTIONES DE SEGURIDAD 

 

Written by Lilia Villela

diciembre 1, 2009 a 1:40 am

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